Hacia la luz

Britten

La música deja de sonar. Nadie aplaude. No. Alguien aplaude. Sí. Pero las palmas callan al poco, palmas anticipadas, palmas avergonzadas, palmas en retirada. El teatro sigue a oscuras, comprimido en el interior de un túnel. En el túnel elegimos jugador: podemos ser alemán o ser británico o ser ruso. Los roles son indiferentes, porque es un juego sin ganador. A oscuras no se distingue el color de uniformes o banderas. Qué raro: aún se siente la vida del enemigo que acabamos de matar. Enemigo. Vete tú a saber qué demonios significa esa palabra. Enemigo. Toc, toc, toc. En la guerra la muerte es solo una pausa. Porque en la superficie siempre continua la batalla. Su sonido llega lejano, como atracciones de feria en un pueblo vecino.

El camino hasta el túnel, y el habernos encerrado en su claustrofobia una hora y media, y no ver nunca la luz, se lo debemos a Benjamin Britten y su War Requiem. El milagro de hacernos subir hasta la luz, a la dirección musical de Pablo Heras-Casado. En el Libera me su batuta hace un último toc toc, toc, rompe el suelo, se abre un hueco. Del butrón salen unas manos. Manos sin cuerpo, como marionetas. De las manos un cuerpo, y del cuerpo la luz nueva de la araña central del Teatro Real en Madrid. ¡Qué extraño viaje! Todos estamos salvados y todos, ahora sí, con las manos libres, aplaudimos de alivio y felicidad.

“None”, said the other, “save the undone years,

The hopelessness. Whatever hope is yours,
Was my life also; I went hunting wild
After the wildest beauty in the world,
For by my glee might many men have laughed,
And of my weeping something had been left,
Which must die now. I mean the truth untold,
The pity of war, the pity war distilled.
Now men will go content with what we spoiled.
Or, discontent, boil boldly, and be spilled.
They will be swift with swiftness of the tigress,
None will break ranks, though nations trek from progress.
Miss we the march of this retreating world
Into vain citadels that are not walled.
Then, when much blood had clogged their chariot-wheels
I would go up and wash them from sweet wells,
Even from wells we sunk too deep for war,
Even from the sweetest wells that ever were.
I am the enemy you killed, my friend.
I knew you in this dark; for so you frowned
Yesterday through me as you jabbed and killed.
I parried; but my hands were loath and cold.
Let us sleep now…”

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