Desmontando lo público (y Midnite viéndolo desde el aire)

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La naturaleza, bien observada, refleja toda una época. Que un hombre muera aplastado por una rama puede parecer un hecho fortuito. Si las ramas no dejan de caer y se pone a la luz los recortes en jardinería en Madrid, se aclara el suceso. Pero si en el mismo periódico se nos cuenta, unas páginas antes, que los directivos de un banco rescatado han gastado quince millones de euros con sus tarjetas de crédito, todo cobra un sentido único. De la tarjeta el gasto, y luego la crisis y el recorte y la rama y su caída y la muerte. A los que ponen luz sobre estas relaciones les llaman de múltiples formas: demagógicos, bolivarianos, izquierdosos, desencatados. Pero los árboles no entienden de ideologías, sino de estaciones.

En ese proceso de desmantelamiento de lo público solo nos damos cuenta de todo aquello que es necesario cuando ya no está. Advertimos entonces, y entonces es tarde, que en la ciudad no solo se deben talar los árboles, sino garantizar la seguridad de quienes por ella paseamos, asfaltar las calles, dotar de transporte público a los ciudadanos, proporcionar salud y educación. ¡De disfrutar no hablemos! Pero qué menos que pedir que el nieto tenga un parque donde jugar, y el abuelo una pensión justa. Que aún no estemos de acuerdo en la extensión universal y obligatoria de los derechos humanos habla muy mal de nuestra sociedad.

Todo lo anterior lo escribo y pienso porque hoy viernes tres de octubre, a las doce de la madrugada, sonó Midnite Special en Radio 5 de Radio Nacional de España. Siete pulgadas fue grabado en los estudios de la Casa de la Radio, en un programa que vuela gracias al entusiasmo inmerecida de Alma Navarro. La Casa de la Radio es un edificio de aspecto universitario, que como tantos edificios públicos hoy parece más bien una sede sindical. A los que gobiernan las antenas les preocupan más que los árboles: aquí sí hace falta una poda. Pero no sorprende tanto que este organismo quiera ser desmantelado, como la aceptación tibia de todos a una nueva privación. Cuando la realidad aprieta, todo parece superfluo. Y en la definición de ese todo el tsunami de la tijera no conoce límites.

Por eso que uno apaga el programa con la ilusión contagiada de Alma, otra ramita de un árbol que no quiere caer, que sigue agarrada a un tronco que ya pocos defienden. Su conducta es una prolongación de su nombre, un faro mientras se apagan las luces de aquellos lugares a los que uno accedía sin necesidad de tocar la cartera: espacios fuera del lucro como bibliotecas, salas de exposiciones, museos, fundaciones. Pero también lugares interiores, como la ruedecita del volumen de una radio, y en el baño el milagro de un concierto lejano sonando junto al champú. Programas distintos, sin más vocación que agitar el espíritu, y por lo tanto comercialmente insostenibles, que necesitan ser podados.

En un mundo gobernado por hojas Excel e informes de rentabilidad, la realidad es doblemente aburrida. En sus matrices de datos solo entran números, que además vienen de unos pocos, aunque luego sumen quince millones de euros. Desde sus edificios de cristal, como siluetas del Roto, se abrazan y exclaman: ¡podemos, claro que sí, podemos, pero del verbo podar! Y luego ríen subjuntivamente.

Puedes escuchar el programa de Siete Pulgadas en la siguiente dirección: http://www.rtve.es/alacarta/audios/7-pulgadas/7-pulgadas-midnite-special-03-10-14/2788200/.

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