Viena

Para acompañar la lectura, te recomiendo pulses este enlace: http://www.youtube.com/watch?v=VTd2aXLTA84

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Si lo que lleva uno de vida se pudiera extender en una superficie, y doblarla luego con la facilidad de una cartulina, una ciudad quedaría en el doblez. Viena. Viena a los dieciocho años, el primer viaje fuera de España, un viaje como despedida del colegio y en el horizonte el miedo a la universidad, Viena hoy, camino de los treinta y seis, con una vida laboral en marcha y la certeza que el tiempo tiene limites, y que por lo tanto no sobra.

Viena parece un decorado de sí misma: regada por lluvia que alguien acciona a intervalos, veo figurantes que sorben café en los salones, que mueven los labios casi en silencio, pues saben que lo importante en la vida empieza en la voz, y se expresa en susurros, casi con miedo. Figurantes que miran a la calle cruzada por jóvenes, por bicicletas pedaleadas con juventud, bicicletas que luego descansan junto a sus amos mientras ellos beben vino caliente en puestos navideños, un tumulto alegre y en la acera ancha el paso militar de actores veteranos, dando zancadas dentro de sus gabardinas de buen paño, con los rostros limpios, bien afeitados, rostros que parecen siempre los de un cardiólogo o un consejero delegado, y caminan erguidos del brazo de mujeres altas, y en sus conversaciones temas que, pese a no entender el idioma, uno imagina interesantes.

Que haya un parque de atracciones encajado dentro de la ciudad multiplica la sensación de que Viena es magníficamente falsa. Lo extemporáneo de los palacios, de los carruajes de caballos, se continúa de golpe en las atracciones de feria y la noria del Práter. Miro a lo alto de esta estructura, buscando algo de consistencia al sueño de Viena, un andamio donde agarrarme, y de golpe pienso en el vértigo del vagón abierto de El Tercer Hombre.

El recuerdo es inmediato porque parte de Viena es aún esa ciudad de posguerra, de calles en curva, adoquinadas, de portales que, como arterias, son largos pasillos hasta el sistema vascular de las casas, patios desde los que arrancan escaleras de caracol hasta cada una de las viviendas. Viena es un delito para el intruso que, aparentemente desubicado, avanza goloso por un pasillo de arcos, la curiosidad creciendo a cada paso, y descubre por fin, desde su centro, la vida privada del edificio. Esa ciudad filmada aún se mantiene, la llevamos en la memoria y la proyectamos, como un linterna mágica, en las sombras ampliadas contra las fachadas.

Así que no ayuda nada a mi confusión sobre Viena mi sesión nocturna en el Burg Kino, un pequeño cine cerca de la Ópera y que proyecta ante seis espectadores la película de El Tercer Hombre, acercándome aún más a la ficción, y por eso que cuando se encienden las luces y salimos a la calle Viena está igual de vacía que en la película, y regreso a la pensión Mozart y me giro a la espalda varias veces, pensando que tal vez estoy siendo perseguido, pero únicamente me acompaña el recuerdo de quien yo mismo fui allí hace 18 anos, la mitad de tiempo que ahora.

Viena está en ese doblez de mi vida, y mientras que el tiempo sí que avanza en nosotros la ciudad, sin embargo, busca y consigue ser idéntica siempre a sí misma, la autenticidad de su tarta y de su ópera y de sus museos y de sus avenidas.

– En 1996 esuché Andrea Chénier, de Umberto Giordano ahí abajo, de pie. La primera ópera a la que asistía en mi vida.

– Seguro que has cambiado mucho en todo este tiempo -me responde con suavidad una anciana sentada a mi izquierda.

Y mientras el telón de la ópera se levanta y comienza Peter Grimes de Britten pienso que no me responde ella, ensortijada y elegante, sino más bien la ciudad, dotada de esos mismos atributos, y que sus palabras están cargadas de razón. El tiempo avanza desinflándose como un globo, un orden cada vez más minúsculo, y el corazón a veces se angustia, no solo de no saber por qué late, sino hasta cuándo debe hacerlo. La erosión del tiempo en Viena, sin embargo, camina hacia adelante, dándole puntapiés al horizonte, y no puede medirse por criterios humanos sino más bien en eras geológicas, y en esos intervalos de tiempo tan amplios la vida de uno inevitablemente se agota, es apenas ese pliegue o cicatriz en un plan mucho mayor y desconocido.

Pero la certeza feliz de que Viena seguirá obstinadamente idéntica hace que ya quiera, en otro giro del tiempo, volver a ella. Porque el vínculo a un lugar es un mecanismo que, una vez arrancado, sigue solo, para bien o para mal, y luego nosotros lo vamos cargando de contenido: las fachadas de Viena continuarán siendo las pantallas de nuestra cinematografía, pizarras en blanco sobre las que proyectar nuestras sombras, a veces solitarias, fugaces como la de Orson Welles, en huida de sí mismas, o bien sombras morosamente lentas, con la mente sumergida en una pecera de sueños; a veces sombras duplicadas, la amistad o el amor buscando nuevas geografías, recordando el lugar que deseábamos compartir y que finalmente así ha sido. Y a veces, por fin, sombras vacías: las fachadas ausentes, como las aulas cerradas de un colegio durante las vacaciones de verano.

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NOTA: Aconsejo un alojamiento en Viena: la pensión Mozart, en la calle Theobaldgasse 15. Quince porque está a quince minutos caminando de la ópera, y algo menos de la zona de los museos. Lo regenta una familia amable que no habla inglés, y que transmiten su hospitalidad con un lenguaje de gestos: gestos en la decoración algo abrumadora del pasillo de entrada, en el platito de frutas frescas en el cuarto, una habitación silenciosa de techos altos, con un baño limpio y bien surtido de jabón y champú, gestos al descubrir que han hecho la cama durante tu ausencia, la posibilidad de WI-FI gratis y, por último, el gesto de amanecer con un desayuno variado servido en una habitación familiar. (http://www.pension-mozart.at/)

2 pensamientos en “Viena

  1. Magnífico relato Dani! Espectacular! La música de Benjamin Britten acompaña de maravilla.
    Qué vertigo da darse cuenta de que han pasado 18 años desde ese primer viaje, justo en la doblez de la cartulina de nuestra vida. Pero esos 18 años no son nada, parace que fué ayer…….. Y que buenos recuerdos!! (todavía me descojono con las anecdotas del viaje, jejeje).
    Al contrario que Ultravox: this means something to me Oh, Vienna

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